martes, 12 de diciembre de 2006

Son otros los teros que gritan en el Caribe

OTROS SON LOS TEROS QUE GRITAN EN EL CARIBE

La izquierda globalizada está celebrando el reciente voto de 182 países en las
Naciones Unidas, condenando el llamado "bloqueo" norteamericano a Cuba. En
realidad, podrían encontrarse argumentos para cuestionar la negativa de
Estados Unidos a vender, comprar o invertir, en dicho país. Pero si la
izquierda fuera consecuente con sus propias creencias y no hiciera dobles discursos, lejos de oponerse al
embargo comercial estadounidense debería aplaudirlo.
En efecto, una de las famosas mega-producciones intelectuales de los
izquierdistas latinoamericanos y europeos, conocida coma "la teoría de la dependencia",
argumentaba que los países desarrollados empobrecían a los subdesarrollados
a través de la imposición de términos de intercambio injustos: compraban
materias primas, cada vez más baratas, y nos vendían sus productos
manufacturados, cada vez más caros.
También nos explotaban a través de las empresas multinacionales (puajjjj¿¿que asco!!!), las cuales
extraían más riquezas de nuestras economías que las que invertían, y a
través de los préstamos onerosos de la banca capitalista( ¡¡Vade retro,satán). En resumen, para
los países subdesarrollados era una calamidad verse incorporados al círculo
de relaciones económicas de las metrópolis imperialistas. Autores como
Galeano (Las venas abiertas de América Latina), Cardoso, Furtado, Gunder
Frank y otros, exponían dichas ideas ante la fascinación de la
intelectualidad universitaria latinoamericana y ante el arrebato casi
místico de revolucionarios como el Che, Castro, Fonseca y Ortega.
Por eso es realmente sorprendente que al lograr Cuba la bendición de ser
excluida de ese comercio rapaz, y de esas inversiones y préstamos tan
dañinos procedentes de Estados Unidos, la izquierda proteste y atribuya las
penalidades de la revolución, ¡a dicha ausencia! "Todo este bloqueo -decía
dolorido el escritor Aldo Díaz Lacayo- le ha costado al pueblo cubano mil
setecientos millones de dólares por año". Si esto fuera cierto, ¿no
significa que las relaciones económicas con Estados Unidos son una bendición
y no la maldición que denunciaba Galeano?
El izquierdista que mantiene las creencias clásicas sobre la dependencia,
pero que deplora al mismo tiempo que los Estados Unidos se nieguen a vender,
comprar, y prestar a Cuba, o que sus empresas explotadoras hagan negocio con
la isla (bueno, negro¿en quedamo'?), incurre en una contradicción que denota falta de honestidad
intelectual. Lo más honrado y lógico sería que la izquierda reconociera,
como lo hizo Cardoso en Brasil, que efectivamente el comercio e inversiones
de los imperialistas pueden ser muy beneficiosas, y que la teoría de la
dependencia fue una extravagancia de adolescente, como tantos otros mitos urbanos
populistas. Porque si se continúa pensando que ésta tiene vigencia, lo único
que cabría, si se quiere ser lógico, es aplaudir el actual embargo
comercial.
Pero claro, la lógica no es la virtud preferida por los izquierdistas. En
particular entre aquellos que se rasgan las vestiduras ante el "bloqueo",
denunciando la supuesta violación al derecho de los pueblos a negociar
libremente, pero ignoran completamente el verdadero bloqueo que el gobierno
cubano hace contra sus propios ciudadanos. Porque si es inmoral que se le
niegue a Cuba comerciar con el imperio, ¿no es también inmoral que se le
impida a los cubanos a comerciar entre sí?
Dentro de todos los gobiernos de América Latina, no hay uno solo que bloquee
tanto la libertad económica de sus ciudadanos como lo hace el régimen
castrista. Los cubanos no pueden producir lo que les parezca ni comprar y
vender a quien quieran. La potestad de producir y vender es monopolio del
Estado. Los cubanos tampoco pueden intercambiar con libertad sus ideas. Los
últimos en intentarlo tienen condenas de más de veinte años. Tampoco tienen
la libertad que goza un salvadoreño, mejicano o nicaragüense, de reclamar a
sus políticos, cambiar sus dólares, residencia o empleo, o de ir a pasar las
navidades con su hija a Costa Rica. Los cubanos están bloqueados por todas
partes y a todas horas, y no por el imperio, sino por un sistema arcaico , sanguinario y
opresor que pasará a la historia como una de las grandes ignominias del
siglo XX.
Pero así es la izquierda radical: hipócrita e inconsistente. Llora
las menores injusticias cometidas por otros, y no ven las inmensas que
cometen sus propios partidarios. Deplora las desigualdades sociales y los
"megasalarios" de los empleados públicos, pero sus líderes son aficionados a
los Mercedes Benz y las mansiones. Reniegan de los tratados de libre
comercio con el imperio, pero cuando éste se niega a comerciar con ellos, se
horrorizan del costo y lo condenan por inhumano.
El que realmente los entienda, le ruego me lo explique, porque yo ná de ná.

Alvaro Kröger

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