REAPARICION DEL BARBETA CUBANO Y LA ADMISION DEL FRACASO SOCIALISTA
El barbeta cubano, dictador autócrata y sanguinario ha reaparecido en el escenario cubano después de un breve alejamiento, vaya Ud. a saber por cuales causas reales,
probablemente asociadas a su estado de salud, consecuencia de su avanzada edad y
del visible deterioro que aparenta en sus presentaciones.
En este caso, su reaparición fue más notable por la publicación previa
de un informe de la CIA en sentido que se le había diagnosticado el Mal
de Parkinson. El discurso sin embargo --quilométrico a propósito-- fue
un notable atestado del fracaso ideológico de su régimen, por lo cual
se entiende que vale la pena un acercamiento analítico a los juicios de
valor expresados.
Existe una diferencia fundamental entre el enfoque socialista
--refiriéndome al socialismo implantado por Fidel Castro en Cuba-- y el enfoque
tradicional de la sociedad occidental, capitalista y democrática: la
manera como se aborda la responsabilidad individual de cada cual.
En el caso socialista, se entiende que el ser humano individual debe
ceder paso, en cualquier caso, al colectivo “social”, y de ahí su nombre.
La filosofía de occidente --y el desarrollo material acelerado que ha
desencadenado-- se basa justamente en el presupuesto contrario: la
responsabilidad y la personalidad individual, debe ser respetada siempre, en
cualquier caso.
En ambas sociedades valen digresiones de esta regla, que no es una ley
rígida, pero es la guía del comportamiento (dependiente en el
socialismo, y libre en el capitalismo) sobre todo en el área económica, donde en
el socialismo ‘lo social’ absorbe incluso el espectro productivo, con las desastrosas
consecuencias consabidas.
Se entiende que no vale la pena analizar el hecho real que de hay
“varios tipos de socialismos”, porque el presente análisis se centra en el
experimento socialista cubano (que es declaradamente socialista a pesar
de los “otros” socialismos) y sobre el cual particularizaremos.
A la caída del Muro de Berlín --y con él, del mayor experimento
socialista del siglo XX-- la dictadura cubana se vio necesitada de hacer
algunos cambios dentro de su rígido sistema colectivista, permitiendo a
particulares cubanos emprender pequeños negocios familiares, y a firmas
extranjeras invertir en la economía de la isla, sobre todo en el área del
turismo. Experimentos que no han sido tan felices como se nos hace creer.
El paradigma más cercano a la experiencia emprendida entonces por Fidel
Castro en Cuba estaba en la China comunista, que mucho antes se había
percatado del fracaso del socialismo en la economía y emprendió cambos
para implantar de lleno el capitalismo en toda su área económica, aunque
mantuvo la dictadura socialista del partido único en el área política.
El barbeta caribeño --todos lo sabemos-- sabe muy poco de economía y
mucho menos de sociedad. Emprende sus experimentos con la misma
profundidad que los emprendía Trujillo en República Dominicana, o Somoza en
Nicaragua: con muchas ganas de mandar y de que se haga lo que a ellos les
venga e ganas, como corresponde a verdaderos capataces de estancias.
Al dictador cubano nunca le gustó la libertad de los otros y mucho
menos, la libertad económica individual. Todo porque con estas libertades
garantizadas su papel en la sociedad pudiera quedar opacado por otros
talentos, que sin interesarles la política triunfan en la vida económica,
como sucede a lo largo y ancho del mundo occidental –incluso con
cubanos exiliados, que han triunfado profusa y destacadamente en el Primer
Mundo-- y cuyo ejemplo universal es Bill Gates, el hombre más rico del
mundo, unanimidad en su país por encima del propio presidente.
De esa manera, y por esos temores, los cambios en Cuba nunca fueron
significativos y jamás la verdadera libertad económica individual llegó a
los cubanos, por lo que, lógicamente, la sociedad no progresó,
estancándose. Hasta que llegó el petróleo salvador del mono bananero.
Hay que decir que la corrupción de que habló el dictador cubano en su
discurso de reaparición, está presente en la sociedad cubana desde el
inicio del proceso colectivizante. Siempre los “capitanes” de
restaurantes eran socialmente más reconocidos que los profesionales, y ganaban
mucho más dinero (robado) que nadie en la isla; los bodegueros --y sobre
todo los carniceros-- en los barrios, son personas más destacadas que
los médicos; los empleados de pizzerías son seres privilegiados, igual
que los trabajadores de ciertos almacenes y así, un largo etcétera que
haría interminable la cita recordatoria de que la corrupción es
consubstancial con la escasez y no con la naturaleza necesariamente “corrupta”
del hombre en abstracto.
Como el petróleo del mono bananero le ha dado un respiro a Castro --que la
cúpula gobernante cubana considera eterno, basado en su lectura inédita del
socialismo del siglo XXI, caprichosamente asociado a una supuesta
redención que la Latinoamérica del barbeta y el mono dará al mundo-- ahora el
dictador la emprende contra lo que considera “vicios que pueden destruir
la revolución desde dentro”, ignorando que su sistema es el que
contiene el germen de la autodestrucción.
Sin embargo --y lo novedoso de este momento-- es que por primera vez el
dictador cubano admite que las generaciones nacidas dentro del
socialismo tienen un ‘desvío de conducta’ que hace peligrar los artificiales
“logros de la revolución”, ignorando la naturaleza humana, que no ha sido
hecha para seguir las arbitrariedades ‘de otros’ (las que el dictador
obliga a hacer) sino más bien lo que su naturaleza individual le indica
como de beneficio propio y de su familia.
La corrupción es un mal detestable. Sin embargo, no puede ser
considerado ‘corrupto’ un ser humano quiera vivir decentemente mientras gana 10
dólares por mes, dentro de un sistema que le impide (por naturaleza)
hacerse de un futuro material honesto, mientras todos los jerarcas que lo
oprimen viven una vida de privilegios inalcanzables sin darle
oportunidades.
Las palabras del dictador representan nada más y nada menos que el
triunfo del capitalismo sobre el socialismo, expresado de la manera más
directa, expuesta por el máximo culpable y en medio de una sociedad
encerrada entre caprichosos de racionamiento, limitaciones y postergaciones
materiales, contra personas que solamente tienen una vida para ser
vivida.
El dictador cubano, que se regodea con todo lo que quiere y para el
cual no existen limitaciones materiales, ni de otro tipo, estima que los
cubanos deben trabajar para él y su cuadrilla por miserables 10 dólares
por mes, lo que ha provocado la instauración del régimen que más ha
hecho por la corrupción individual en el mundo: En la miserable Cuba
socialista, todos roban.
Pero nada más simbólico, a nivel general y particular, que la
aseveración increíble del dictador cubano cuando dijo que “está acercándose el
momento en el que cada cual viva de su trabajo o de su pensión” y no de
las limosnas que les entrega el estado, debió agregar. Después de 47
años de tratar a un pueblo como se trata un rebaño de corderos en corral,
que solamente subsisten de la comida que reciben de sus dueños. ¡Un
reconocimiento sin paralelos de su fracaso!
Adicionalmente, la frase significa un reconocimiento de la
insuficiencia de las pensiones y retiros, las que sabidamente son una verdadera
miseria, en personas que dieron una vida de trabajos y sacrificios y que
ahora devienen en limosneros de una sociedad enferma.
El dictador cree que trayendo jóvenes oportunistas desde el interior
del país va a ganar la “batalla” contra la corrupción, en el puerto de la
Habana o en los puestos de venta de combustibles, en cuyos sitios ahora se reportan fortunas
en el facturamiento por la venta de productos, a diferencia de lo que
se reportaba antes, cuando actuaban los “corruptos” (¡pero del partido!)
ahora desplazados.
No es difícil imaginar cuanto tiempo durará la luna de miel del
dictador con sus nuevas brigadas de “jóvenes interventores”, por cuyas manos
pasan ahora verdaderas fortunas diarias mientras reciben míseros 10
dólares por mes y las gracias de un Comandante en Jefe que no se baja de
sus Mercedes y desayuna, almuerza y come, como no puede hacer nadie en
‘su’ isla.
La totalidad del discurso del dictador tratando de demostrar que no
tiene Mal de Parkinson, demostró que tiene otro mal mucho peor: la
enfermedad de querer que otros (todos) hagan su voluntad sin evaluar los
resultados, que saltan a la vista con la aplicación del capitalismo en la
economía de China y otros países ex-socialistas. Es el capataz en acción
contra sus peones.
El dictador cubano demostró con su discurso de 6 horas que su salud
probablemente no esté en el estado terminal que la situación creada con su
caída y el anuncio del diagnóstico del Mal de Parkinson provocara. Sin
embargo, algo no trivial nos demostraron el contenido de sus palabras:
el régimen socialista implantado hace 47 años en su isla, ha demostrado
que sólo sirvió para sentar las bases, renacientes y pujantes, del peor
de los capitalismos: el delincuencial, mafioso y corrupto. ¡El mejor
atestado de derrota y de fracaso para su ideología!
Ahora nos preguntamos: ¿que va a pasar cuando este barbeta muera?
Este hecho puede ocurrir en cualquier momento; la salud del barbeta
no es de las mejores.
Lo más probable es que su hermano Raúl, bastante más jóven, tiene unas
ansias de poder desmesuradas y ha formado un staff de generales fieles
a él solamente, más algunas personalidades importantes que hacen el doble
juego: son incondicionales del barbeta, pero subterrábeamente están con
Raúl, ya que ven por dónde viene la mano.
Por otro lado, no se sabe a ciencia cierta, cómo reaccionará el pueblo cubano;
puede ser que 47 años de opresión los hayan transformado en un manso rebaño,
o también puede que 47 años de opresión los haya transformado en una masa
de desesperados por la libertad, que no tendrán pruritos en pasar por las armas a
todos los opresores.
Lo más probable es que la muerte del barbeta se mantenga en secreto algunos
días, hasta que Raúl y sus secuaces tengan el país férreamente en sus manos,
y cuando se dé la noticia ya sea un "fait accomplit".
Lo peor de todo es que Raúl y sus muchachos con peores que el barbeta, también
han pasado 47 años bajo la bota, y en ese momento querrán su cuota de bienestar.
Esperemos que el pueblo cubano se levante en armas y pase a degüello a todos
estos malandras. Personalmente creo que el pueblo cubano está hasta las orejas
de estos tipejos y que reaccionará de forma acorde a las circuntancias.
Alvaro Kröger
martes, 12 de diciembre de 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario