No es contra Uruguay...es contra Argentina
MISIONES (29/12/2005).- Misiones tiene no del otro lado de sus ríos
fronterizos sino dentro de su territorio, tres fábricas
celulósico-papeleras, una muy próxima a Iguazú, lugar al que concurrieron
más un millón de turistas en el 2005. En mi provincia no hay –ni nunca hubo-
denuncia alguna por envenenamiento de la población debido a contaminación
supuestamente generada por tales industrias. Los malos olores que sí los
hay, pronto serán cosas del pasado. La producción de las industrias
forestales ya superan el 50 por ciento del Producto Bruto Geográfico,
generando la mayoría de los empleos genuinos. En Misiones como en cualquier
lugar del mundo, el principal enemigo del medio ambiente es la pobreza.
Hacia allí hay que apuntar los cañones ...
Recientemente escuchamos decir al vicegobernador de Entre Ríos "que la
oposición a las instalación de plantas celulósicas en Fray Bentos no
significaban una confrontación con Uruguay". Efectivamente, semejante
actitud no va contra Uruguay, va directamente en contra de los intereses de
la Argentina.
Puede aceptarse que el gobierno entrerriano en defensa de su población,
cuestione a industrias supuestamente contaminante, pero resulta un craso
error oponerse a las celulósicas, afirmando que todas lo son. Así opinan los
representantes del Gobierno de aquella provincia, en contra incluso, de la
opinión de los propios forestadores entrerrianos.
En el país los debates generalmente derivan en peleas donde se discute lo
accesorio, olvidando lo fundamental, impregnándose de una gran confusión sin
importar donde está la razón. Actitud equivocada de por sí, que se torna
grave cuando la palabra oficial es la que única difundida.
A mi criterio, no pueden existir en el mundo industrias forestales
sustentables, eficientes y competitivas sin el funcionamiento de plantas
celulósicas que son el cimiento en el que se basa todo el desarrollo del
sector. Es como pretender hacer un edificio de varios pisos sin construir
los cimientos y la planta baja. Realmente imposible.
Sin las fábricas de celulosa y de papel, el impacto negativo se registra
aguas abajo y aguas arriba, donde los bosques cultivados deben ralearse de
sus peores individuos, insumo que el productor vende a las celulósicas con
miras a que crezcan los mejores ejemplares arbóreos que en años posteriores
entrega como madera de calidad a los aserraderos. Éstos su vez, negocian los
residuos de madera con las celulósicas, transformando en rentable deshechos
que no tendrían otro destino que la quema –como ocurrió durante muchos años-
práctica que sí contamina emitiendo carbono a la atmósfera. Los complejos
celulósico-papeleros cumplen pues el rol "basureros forestales", ya que
utilizan de materia prima los árboles raleados y los deshechos de
aserraderos para triturarlos y transformarlos en pulpa, de fuerte demanda en
los mercados del mundo.
Esta alquimia económica es la materia prima para cientos de productos
finales: pañales, insumos médicos, papeles de todo tipo para diarios,
cuadernos, impresoras de computadoras, cheques, servilletas, boletas, para
envolver regalos, frutas, bebidas, etcétera, necesariamente presentes en
nuestros hogares.
Si la Argentina continúa con el déficit actual por falta de nuevas
inversiones, estamos obligados a continuar con importación de papeles,
gastando divisas del orden de los 500 millones, incluyendo el pago de
salarios, servicios y valor agregado a abastecedores extranjeros.
Incomprensible
La Argentina tiene un bajo desarrollo forestal a pesar de disponer de 20
millones de hectáreas aptas, actualmente ociosas, las que no compiten para
nada ni con la ganadería ni con la agricultura. Asimismo, tenemos un
variedad de climas que permite la implantación de cualquier especie nativa o
exótica.
En la Región Litoral por ejemplo, se logra el mayor crecimiento del mundo de
bosques cultivados con pinos y eucaliptos, junto a Brasil. Además, rige una
ley por la cual se subsidian plantaciones hasta el 80 por ciento de su
costo. Sin embargo, teniendo tanto viento a favor, a duras penas forestamos
un millón de hectáreas a lo largo de varias décadas.
Hace seis años el Congreso Nacional sancionó la ley 25.080 de Promoción de
Bosques Cultivados. El objetivo fue promover una política de Estado en un
área de enorme potencial.
Lamentablemente, los objetivos primigenios de la norma fueron tratados por
los sucesivos gobiernos centrales de manera errática y espasmódica. De 100
mil hectáreas por año implantadas entre 1999 y 2001, se cayó en picada con
cifras mínimas en los promedios correspondientes a años posteriores. El 2005
registra una modesta recuperación, pero no alcanza. Es que los funcionarios
de la SAGPYA responsables de conducir el organismo, solo generan problemas
que paralizan la actividad. No aportan ningún tipo de solución.
En consecuencia, la superficie implantada es poca, hay baja
industrialización, déficit en la balanza de comercio exterior ( U$A 500
millones), caída de la inversión prevista, una ley que no se cumple
eficientemente, la necesidad de generar empleo y no pagarlo afuera. Resulta
incomprensible darnos el lujo de entrar en una disputa perdidas de antemano,
las que solo conducen a desalentar la radicación de nuevos capitales que hoy
no disponemos y constituyen la base que sustenta el desarrollo forestal: las
plantas celulósicas papeleras.
Observar a los vecinos
Brasil ya cuenta con 5 millones de hectáreas cultivadas, que representan 20
mil millones de dólares en la conformación del PBI (nosotros apenas 1.500
millones). Las industrias brasileños brindan mano 6 millones de puestos
directos e indirectos de trabajo (nosotros 600 mil), exportan por 6.950
millones de dólares (nosotros 600 millones), de los cuales el 50 por ciento
proviene del sector de celulosa y papel, a través de la operación de 241
fábricas, mientras en la Argentina hay solo diez.
Chile en tanto, en su territorio árido y angosto, ya tienen implantadas
2.100.000 de hectáreas de bosques artificiales, cuya producción equivale a
3.500 millones de dólares de PBI. En la nación trasandina hay 117 mil
empleos directos en sus industrias forestales, que exportan por 2.200
millones de dólares al año. millones.
Veamos el caso del Uruguay, con 800 mil hectáreas implantadas, de las que
obtiene 225 millones de dólares dentro de su PBI. Ya exporta por 100
millones de dólares de exportaciones ( balanza positiva), producidas por dos
plantas celulósicas papeleras a las que se sumarán Botnia, Ense y el anuncio
de radicarse en el país oriental de la poderosa sueca Stora Enso, que
significarían sumar a los 1.600 millones de dólares de inversión ya
concretados, otros 1.000l millones.
El tema ambiental
Si el gobernador de Entre Rios quiere cuidar "su" medio ambiente debiera
prohibir vacas y frigoríficos que son grandes emisores de gases de efecto
invernadero, debiera prohibir los desmontes para la agricultura y mucho
menos abonar granos, debiera prohibir la fábrica de celulosa de Capitán
Bermúdez en Santa Fe y cortar el puente Rosario-Victoria sobre el río
Paraná.
Más le valdría ocuparse de que se foreste en su provincia que pese a estar
junto a puertos y mercados, solo ocupa el 16 por ciento de la superficie
nacional. Vale mencionar la fábrica de tableros Masisa cerca de Concordia,
que traía pinos de Misiones a 600 kilómetros de distancia.
Ojalá que la Argentina fuera el destino de nuevas plantas papeleras, ya que
tenemos perentoria necesidad que así sea para absorber madera de raleo
actualmente sin destino industrial. Los gobernadores de Corrientes y
Misiones lo saben y se han expresado en forma pública, de manera positiva.
No espantan inversores, por lo contrario, los quieren.
Finlandia es el país numero uno del mundo en cuidado del medio ambiente,
Noruega el segundo y Suecia el tercero. Finlandia y Suecia son fuertes
productores de celulosa y papel, con numerosas fábricas instaladas; el
cuarto es Canadá, también líder en procesamiento de celulosa y papel. Para
sorpresa general Uruguay figura en el sexto lugar y nosotros ocupamos el
número 17; no parece prolijo desde aquí pretender dictar cátedra en la
materia...
Conclusiones
En el comercio mundial el sector foresto-industrial es más importante que el
de que granos y carnes juntas. Mueve 150 mil millones de dólares cada año.
La Argentina tiene un gran potencial no aprovechado por desconocimiento de
su clase gobernante.
La actividad puede ser equiparada a la venta de granos en la Argentina a lo
largo de 20 años de continuidad. El Gobierno debe jerarquizarla y no dejarlo
dormir en la tercera línea de la SAGPYA, mientras no se cumple con una ley
clave como la 25.080.
Hoy se está reinvirtiendo fuera de la Argentina, que necesita una planta más
de celulosa y varias de papel.
Actitudes enojadas y prepotentes porque los capitales se fueron a la otra
orilla, reflejan que –así como van nuestras cosas- las empresas líderes
seguirán buscando lugares más amigables, con gente mejor informada.
Fuentes de consulta: FAO, Foro Económico Mundial para el Medio Ambiente,
SAGPYA, Asociación Forestal Argentina
martes, 12 de diciembre de 2006
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