Cómo Reconocen Nuestros Cerebros a Otros Individuos
Imagine encontrarse con un compañero o compañera de clase de la escuela
secundaria a quien siempre quiso conocer mejor. Luego imagínese al chico que
lo empujaba en los pasillos. ¿Reaccionaría usted de modo diferente? ¿Qué
pasa en su cerebro durante esos reencuentros? Una investigación aporta
nuevos datos al respecto.
De hecho, diferentes áreas del cerebro reaccionan de modo diferente al
reconocer a distintos sujetos, dependiendo de las emociones asociadas al
recuerdo, según ha encontrado un equipo de psicólogos de la Universidad de
Cornell. El equipo, dirigido por el profesor de psicología Robert Johnston,
ha llevado a cabo los experimentos para estudiar el reconocimiento
individual.
Pero en vez de malograr las reuniones de ex-compañeros de escuela secundaria
llevando a remolque una máquina de MRI, los investigadores se quedaron en su
laboratorio y crearon encuentros sociales entre hámsters dorados. Entonces
examinaron los cerebros de los animales para buscar evidencia de esos
encuentros.
El año pasado, el equipo de Johnston llevó a cabo el primer experimento para
demostrar la base neuronal del reconocimiento individual en los hámsters e
identificar qué áreas del cerebro tomaban parte en éste.
Una mejor comprensión de estos mecanismos puede ser de importancia capital
para tratar ciertas formas de autismo, el síndrome de Asperger, las
psicopatías y los desórdenes sociales de la ansiedad.
La capacidad de reconocer a los otros individuos es fundamental en la
conducta social de virtualmente todos los vertebrados y también de algunos
invertebrados. Los humanos tenemos una habilidad increíble de reconocer,
recordar y guardar gran cantidad de información sobre los individuos,
incluso sobre personas con las que nunca nos hemos encontrado realmente.
Esta capacidad es el centro de los circuitos que forman lo que podríamos
llamar el cerebro social.
El equipo de Johnston usó los hámsters para estudiar el reconocimiento
porque sus cerebros se parecen mucho al nuestro; son más sofisticados de lo
que se suele creer.
En el último experimento, un hámster macho encontró a dos individuos que
conocía igualmente bien pero con los que tuvo interacciones diferentes el
día anterior: un macho que lo derrotó en una lucha, y otro con el que nunca
había luchado. Los encuentros imitaron a los que ocurren en la naturaleza.
El hámster huyó del macho agresivo pero fue atraído por el macho neutro,
sugiriendo ello que reconoció a los dos individuos y recordó sus
experiencias con ellos. Los investigadores encontraron actividad en las
partes anterior y dorsal del hipocampo y en la amígdala, entre otras áreas
de su cerebro. Después repitieron el experimento con otro hámster cuyo
hipocampo dorsal anterior fue adormecido con un anestésico local, y
constataron que el animal no evitó al individuo que lo había derrotado. Esto
mostró a los investigadores que esta región es necesaria para la memoria del
reconocimiento. El hipocampo también se ha relacionado con la memoria del
reconocimiento en los humanos.
Aunque los hámsters reconocen a los individuos por el olor, y los humanos
usamos fundamentalmente la vista, el mecanismo subyacente es el mismo.
martes, 12 de diciembre de 2006
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